El Museo de la Quintería de Felipe Caro

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Acompañamos una vez más a Manuel Rodrigo, el concejal de Promoción Económica y Turismo del Ayuntamiento de Tomelloso. En esta ocasión vamos a casa de Felipe Caro. Al “Museo de la Quintería”. Está en una de esas calles estrechas y con solera —agricultoras al cien por cien—, travesías de la calle San Roque.

Nos abre la puerta el propio Felipe, con un mandil. Nuestra visita le produce alegría, pasamos a su casa, inmaculada, nos conduce a una especie de taller, en dónde estaba trabajando. Hace, con sus manos y su paciencia, maquetas del pasado menestral de Tomelloso. Tras mostrarnos lo último que está haciendo nos conduce a una especie de cámara, donde tiene expuesta, por temas, su colección.

Nos va mostrando uno a uno todos los objetos que ha construido, el pasado laborioso de nuestra ciudad en una habitación. Arados de madera, podones, el carro de los collereros, el del unto, la bicicleta del segador, la era, el carro que le traía el carbón a Jonás, el de la arena. Memoria viva de un tiempo, tal vez demasiado reciente, de penares y faenas hercúleas.

—¿Cuando se embarca en esta aventura, Felipe?

—Cuando me jubilé. Desde el primer momento tuve claro lo que quería hacer y representar: las costumbres de Tomelloso y más que nada, hacer un homenaje a los mayores… ¡Qué se lo merecen!

—¿De dónde se documenta?

—Principalmente de mi memoria, lo que es anterior a ella, en internet.

(Se da cuenta que no nos ha enseñado el carro de Juaninas, el trapero y se va hacia él. Nos explica que por los trapos, pellicas y chatarra, el chamarilero de turno entregaba a cambio objetos de cobre. El borrico muy mal pelado, siempre, señala).

—La mayoría de las cosas las recuerdo porque las he vivido, es que yo soy muy mayor… bueno, muy mayor no, lo suficiente para acordarme de todas estas cosas. También he leído mucho y en internet… Casi todo lo he conocido, la cabría y la narria no, pero la mayoría de las cosas, sí. Algunas cosas las conozco de oídas.

—¿Cuantas horas dedica a hacer estas cosas?

—Más que tiene el día.

—¿Y como lo planifica?

—De cabeza, todo de cabeza… me imagino como hubiera sido. Las medidas las ideo y las llevo a una plantilla, si veo que queda bien lo construyo, si no queda proporcionado, rectifico las medidas hasta que queda bien.

Nos comenta que tiene muchas visitas, mientras nos va explicando, lo sabe todo. Conoce cada pieza como si fuesen sus hijos, cuando nos describe cualquier cosa y nos cuenta para lo que sirve, se le ilumina la cara como a un padre, o mejor , como a un abuelo cuando habla de sus nietos.

La tarde acaba dándonos a probar los exquisitos rosquillos fritos de su mujer, habilidosa encajera, que da clase en la Universidad Popular.

Les dejamos el vídeo de la visita:

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