Dionisio Cañas: “La belleza se halla en cualquier sitio, hasta en la basura”

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Francisco Navarro en El Diario Fénix (eldiariofenix.com)

Dionisio Cañas (@dionisiocanas) es fundamentalmente poeta, incluso como rasgo principal de su carácter. Es de Tomelloso; vive aquí. Ha sido catedrático de universidad en Nueva York. Tiene una obra ingente y vastísima, inabarcable me atrevería a decir. Acaba de presentar una película basada en “El Gran Poema de Nadie”, un proyecto que le ha hecho recorrer el mundo y que consiste en crear un poema colectivo con palabras sacadas de la basura.

He quedado en Cicato, que ya viene a ser el actual punto de referencia, para la entrevista. Aparece Dionisio, cercano y accesible. Nos sentamos; tras las gafas tiene efigie de senador romano. Aplicadamente llevo las preguntas apuntadas en una libreta y puestas en el orden que supongo lógico y que iré descubriendo innecesario mientras avanza nuestra charla.

Empiezo preguntándole, algo encorsetado: ¿Elige la poesía como forma principal de expresión o ella le elige a usted?

¿Se levanta uno por la mañana y es poeta? Lo he pensado mucho…

Mi familia emigró de Tomelloso a Asturias, de ahí a Linares, Jaén y después a Francia (cuento todo esto porque es relevante en mi relación con el lenguaje, con la poesía por tanto). Llego a Francia con 10 o 12 años que es cuando controlas tu capacidad de expresarte a través del lenguaje. El idioma de mi casa era el español, pero rompí con eso, hablaba y escribía en francés. A pesar de que el castellano era el idioma familiar, toda mi adolescencia ocurrió en francés.

Con 19 años vine a España, conocí a un crítico literario y a través de él a los mejores poetas españoles… Y recuperé mi lengua con casi 20 años. Solo conocía el lenguaje de mis padres, el de unos campesinos de Tomelloso que vivían en Francia y lo poco que aprendí en la escuela. En 1969, gracias a este crítico, descubro la poesía en español. Yo que era prácticamente analfabeto en este idioma lo primero que leí fue poesía, dos poetas fundamentales: Vicente Aleixandre  y César Vallejo.

Nunca me pensé como poeta, mi educación era para ser artista. Me gustaba pintar, trabajaba en una fábrica, pero quería ser artista, me interesaba el arte… Y ser un hippie. La poesía era como un lujo.

Empecé a viajar a Nueva York, hasta que en 1973 me instalé definitivamente. Comencé a estudiar seriamente, pero muy tarde por mi edad. Con veintitantos años empecé a descubrir la poesía y el mundo a través de ella, a recuperar mi lengua materna. Como hecho natural me puse a escribir poesía, unos poemas bastante malos por cierto. No sabía lo que era ser poeta, solo sabía que expresaba lo que sentía por medio de esos malos poemas.

Detrás de mí no hay una familia con biblioteca, escritores, gente culta… sino una familia campesina y medio analfabeta. Eso es todo.

Uno no resiste la tentación de aseverar que ese es un caso paradigmático en Tomelloso.

Félix Grande y Eladio Cabañero no tenían una familia detrás, ni nadie. Fue García Pavón quien los apadrinó, quien los lanzó. Yo conocí a ese crítico y a los mejores poetas del momento, José Hierro, Claudio Rodríguez, Francisco Brines… Tuve una suerte maravillosa.

Desde el primer libro publicado por Dionisio Cañas en 1977, El olor cálido y acre de la orina, su lenguaje ha evolucionado hacia la sencillez, hasta llegar al del hombre de la calle.

Es normal que yo empezara con ese título tan espantoso y que cada vez me gusta más… También he pensando en ello, es normal que un chico de pueblo que conoce a la mejor poesía  de España quiera impresionar a esos grandes poetas. Hierro, Rodríguez, Brines, también serían mis lectores. Mi poesía de época padece de buscar al lector culto y complacer a esos poetas.

El cambio se produce con El gran criminal, de 1997, un libro de Nueva York, callejero. Ahí es donde empiezo a escribir como Dionisio Cañas. A partir de ese momento mi escritura es libre. No me impongo ningún estilo: el estilo lo da la vida.

Prolífico autor  

A Dionisio, uno sólo lo conoce de verlo por la calle, de vista, que decimos en los pueblos. Siempre he tenido de él una imagen de, digamos, indolencia poética. Pero su obra es hercúlea o propia de Pla. Ha escrito catorce o quince libros de poesía, una decena de ensayos, videopoemas, prólogos, novelas, relatos, infinidad de artículos, ha sido profesor universitario. Su producción es apabullante. Es como si no hubiese tenido vida.

He tenido vida, y muy intensa. También he trabajado mucho. Me siento a gusto trabajando, incluso ahora que no tengo obligaciones desde que dejé la universidad en 2005. La poesía que he hecho solo es posible teniendo una vida muy intensa. He sabido controlar esa vida para que no demorara totalmente la otra, la del trabajo, la de leer, escribir y dar clases. Encontrar ese equilibrio entre el caos de mi vida y el orden en mi trabajo.

El caos y el orden han sido fundamentales. Igual que lo son dos espacios míticos para mí, Nueva York y La Mancha. Estas dualidades condicionan toda mi obra.

Hablamos de su época de prologuista y de editor, fundamentalmente de los poetas del 50, de los nombrados en la entrevista.

Eran mis amigos, de los que aprendí. No tengo especial predilección por esa época.

Me cuenta que hay un importante número de poetas hispanos, latinos, en Nueva York, muy buenos, que escriben en español y que consignó en el ensayo “El poeta y la ciudad (Nueva York y los escritores hispanos)” de 1994.

Está preparando la antología de su obra en 11 volúmenes: Diálogos (1972-2012). Pretende incluir todo lo que merezca la pena, publicado e inédito. Con ella quiere cerrar ese  ciclo.

Nuevas tecnologías

Cañas siempre ha usado la tecnología para su arte. Comenzó con los videopoemas cuando el vídeo era un medio incipiente y las nuevas tecnologías estaban en mantillas.

En los 80 empiezan a llegar muchos artistas españoles a Nueva York, aquello me puso en contacto que gente muchos más joven que yo. Empiezo a relacionarme con el mundo de las nuevas tecnologías aplicadas al arte, performances, actuaciones…

Formé parte de un grupo, Estrujenbank, con artistas muy jóvenes. Hacíamos vídeos, fotografía, tuvimos los primeros accesos a internet. Por mi cuenta lo he ido desarrollando. Los nuevos soportes tecnológicos se pueden usar de una manera muy creativa, no solo como medios de comunicación y trabajo. He realizado videomontajes, videopoemas, videohaikus, etcétera.

Intentando dar al entrevistado una imagen de brillantez y erudición, alejada de mi innata catetez, he apuntado en la libreta una pregunta para sorprenderlo y que le formulo llegados a este punto: ¿Puede un computador escribir un poema de amor?  Que es el título de un ensayo de Cañas y Carlos González publicado en 2010. Dibuja una piadosa sonrisa en su rostro.

Por curiosidad intelectual empecé a explorar la poesía electrónica. Esta comienza con los primeros ordenadores, allá por 1950. Desde el origen de la informática se empieza a investigar con el uso del ordenador de una forma creativa. Siempre me interesó la poesía experimental.

Tengo un sobrino, que se dedica a los videojuegos, que ha colaborado en el libro. Yo me he dedicado a la investigación de la parte, digamos, histórica y él a la más actual.

La conclusión es que sí. Un ordenador puede escribir un poema de amor. Los generadores de poesía son cada vez más perfectos. Por otra parte la poesía se fundamenta en el lenguaje, es el lenguaje el que te emociona, venga de donde venga. El problema, cuando he dado conferencias sobre esto, es que si antes de leer un poema generado por ordenador digo que lo ha hecho una máquina, la gente no se emociona.

De todas formas, con un ordenador y el programa adecuado, se pueden componer sonetos perfectos.

Llegamos a las inevitables Redes Sociales de las que Dionisio Cañas es, como no podía ser de otra forma, un provechoso usuario.

En principio no me apetecían mucho, tenía que calcular si quería dedicar una parte del poco tiempo del que dispongo a las redes sociales. Decidí que sí y lo que intento es darles un tono no solo informativo, sino también creativo que me parece fundamental.

El otro día publicó un tweet en el que afirmaba su intención de hacer de Twitter algo más creativo.Todavía lo estoy madurando, pero sería hacer algo en la idea de “El gran poema de nadie”

Transcribiendo la entrevista me encuentro con este tweet:

 

Creo que es mi deber buscarle un uso creativo a las nuevas tecnologías.

Tomelloso

Como ni puede ser de otra forma nuestra charla nos lleva a Tomelloso. A uno le interesa saber como un paisano, hijo de emigrantes en Francia acaba de profesor de universidad en Nueva York.

Tras la muerte de mi padre, en 1969, mi familia regresa a España. A pesar de ser un hippie total, hice la mili como dios manda, pero me dije que no pintaba nada en aquella España. Conocía a mi amigo el crítico y a los poetas y decidí que quería estar en Nueva York.

Empecé a trabajar, en librerías o lo que saliese y a estudiar. En Francia había hecho el liceo técnico, era fresador, ajustador y soldador. En Nueva York hice de nuevo todo el bachiller, la licenciatura y el doctorado, mientras trabajaba. Con treinta y tantos años acabé la tesis.

Mi primer trabajo fue como profesor en la universidad de Yale. Después di clase en la universidad de la ciudad de Nueva York que es pública.

Dionisio fue un grato descubrimiento, una agradable sorpresa para este redactor. Cuando como
mantenedor de una Fiesta de las Letras de aquellos incipientes años ochenta, apareció un desconocido poeta que conmovió al auditorio con su discruso.

Hablamos de la extraña relación y de los sentimientos encontrados que nos suscita Tomelloso. De la forja de “Tomelloso en la frontera del miedo”. Me cuenta que siempre ha estado relacionado con el pueblo, pero que fue a partir de los celebrados ochenta, cuando nuestra ciudad volvió a atraerlo. Hace 20 años compró una viña y un bombo (construcción de piedra).

Siempre supe que regresaría a Tomelloso

El Gran Poema de Nadie

El taller El Gran Poema de Nadie consiste en que un grupo de personas recoge de la basura las palabras que hay impresas en periódicos, embases, cajas o cualquier otro soporte como los carteles que se encuentran pegados en las paredes de las calles. Posteriormente, siempre en grupo, se seleccionan y ordenan las palabras y se van creando versos entre todos. Luego se montan estos versos sacados de la basura en una banderola que será expuesta para que cualquier persona pueda leer el poema colectivo ya terminado.

“Con la basura de todos haremos El Gran Poema de Nadie”, así se inicia la presentación del documental (montado por Clara López)  que se estrenó el 11 de agosto en el Centro de Iniciativas Culturales y Artísticas de Tomelloso (CICATO).

Dionisio Cañas ha venido realizando este taller durante una década (2002-2012) en varias ciudades españolas, como Cuenca, Madrid, Barcelona y Salamanca,  y extranjeras como Nueva York, El Cairo, Rabat y Toulouse.

Este documental recorre todo el proceso de cómo se hace dicho taller, a través de imágenes de su realización en algunos lugares del mundo y en España,  en diferentes épocas. Por otro lado, por medio de múltiples entrevistas, el poeta no sólo explica cuáles son los diferentes pasos que hay que seguir para que cualquier persona o institución pueda realizar el taller por cuenta propia, sino que también informa sobre la historia y tradición de la poesía colectiva, participativa, hecha por varias personas en colaboración.

En el 2002 la Facultad de Bellas Artes de Cuenca me pidió una intervención. Se me ocurrió la idea de buscar en la basura las palabras para hacer un poema colectivo… Funcionó muy bien. No estaba hecho para escritores, en ese caso eran estudiantes de Bellas Artes. Han sido 10 años en los que he aprendido mucho sobre lo que la gente piensa que es la poesía. Asusta en principio, pues piensan en la métrica, en la rima.

Para mí ha sido un proceso de aprendizaje. Qué y cuánto se puede hacer y aprender solo fomentando un trabajo colectivo. Colaborar y, sobre todo, desmitificar el papel del artista: todos tenemos una capacidad creativa y no la desarrollamos. Nos da miedo porque ser poeta o artista es compararte con otro. Si eres pintor te comparas con Antonio López… y no pintas nunca. La idea es que la gente se suelte y se sientan poetas, al menos momentáneamente.

En  el último taller, que hice en Egipto y fue la culminación del proyecto, me di cuenta que la gente fue feliz viviendo en la basura, pero sabiendo que podían encontrar cosas bellas entre aquella inmundicia. Palabras bellas que podían dar algo bonito. Esa pequeña felicidad fugaz para mi es suficiente. Y si, además, puedo hacer disfrutar a un grupo de personas durante unas horas, mejor.

Le pregunto que si la belleza es una forma de protesta.

Es una forma de demostrar, sobre todo, que tenemos al alcance de las manos cosas que desdeñamos y a las que no prestamos atención. La belleza puede estar en cualquier parte, hasta en la basura. La idea de El Gran Poema de Nadie es hacer ver que la belleza está a nuestro alcance, en lo que nos rodea. Enseñar a mirar bien.

El 14 de abril próximo se estrenará el documental en Nueva York.   

Web del poeta 

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