De la zaranda al paro, del paro a…, por Pedro Muñoz Plaza

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Julián comenzó en la zaranda cuando solo contaba con doce años, en enero cumple cincuenta y seis. Nunca  antes había estado parado. En los últimos cuatro años a trabajado diez meses salteados en periodos que van de quince días hasta un máximo de mes y medio. Desde agosto nada.

Es menudo, vivaracho y entrado en carnes, pero con una vitalidad envidiable. Tiene dos hijos. La mayor, la chica, se casó el año pasado. Es auxiliar administrativo, y van tirando. Al pequeño, de veinticuatro años, le arroyó el tren de la burbuja inmobiliaria que, junto con el vagón del fracaso escolar, arrasó con gran parte de su generación.

A Julián se le ha agotado el paro. Su mujer es ama de casa de las de antes, pero ayuda a la economía doméstica cortando hilos y cosiendo muñecos de trapo que una fábrica local le lleva a casa cuando se les satura la producción en sus instalaciones, cosa que ocurre muy de tarde en tarde en los últimos tiempos. Con esto, la ayuda de cuatrocientos euros que aún percibe, alguna chapuza y algún ahorro restante van saliendo. El chico ya no tiene ningún ingreso. El chaval ha tenido que guardar el coche nuevo y la moto de gran cilindrada que se compró cuando había trabajo. No puede mantenerlos y tampoco encuentra comprador. Este será el segundo invierno que pasarán sin calefacción, llenar el deposito de gasóleo cuesta casi mil euros y, dadas las circunstancias,  hay otras prioridades para sobrevivir al crudo invierno manchego.

Julián se ha encontrado con un compañero de fatigas en el banco. Hablan muy alto. No se percatan, pero las ocho o diez personas que esperamos turno en la caja del Santander estamos pendientes de sus comentarios.

—Los extranjeros nos están quitando el trabajo. Mi jefe se han quedao él, su cuñao y el rumano. Para hacer las cuatro chapuzas que saltan se apañan. En el campo igual: extranjeros. No quieren españoles. El poco trabajo que hay lo hacen rumanos, ecuatorianos o marroquíes a tres euros la hora, lo mismo que cobrábamos nosotros hace veinte años. Así no hay quien trabaje, deberían echarlos a todos.

Voz en grito (no termino de comprender la pasión que tienen algunos de mis paisanos por hablar a voces, se encuentren donde se encuentren), Julián da un repaso a la procedencia de los ocupantes y los gremios más afectados por la invasión foránea. Comenta lo difícil que resulta tomarse un café servido por un camarero patrio, o que el ayuntamiento incluye a mujeres musulmanas con velo en las bolsas de trabajo para la limpieza de calles o el arreglo de aceras y jardines. Los chinos y la cantinela más oída en los últimos años no podían ser menos.

—¿Y los chinos? Nos van a invadir los chinos. Claro no pagan impuestos y así pasa, que tienen los mejores locales del pueblo.

No puedo evitar sentir tristeza. Siempre pensé que construiríamos una sociedad libre y justa; tolerante e igualitaria. Pienso que a alguien en este país se le debería caer la cara de vergüenza, y no creo que deba ser a Julián; él, al fin y al cabo, lleva toda la vida en la zaranda. Alguien, también en este país, debe estar gimiendo de placer viendo cómo va cogiendo inclinación la cuesta abajo que les lleva a donde siempre han querido estar.

A ratos parece que la sociedad española ha retrocedido treinta años de golpe. Como si en los ochenta se hubiesen quedado demasiados cabos sueltos –sí, de aquellos que el dictador dejó atados y bien atados– y ahora se hubiera desatado todo. Las violentas sacudidas de la cuerda al desatarse no está dejando títere con cabeza.

5 Comentarios

  1. creo que este texto es muy partidista.
    Es cierto que en este país no se contrata a españoles sino que a los de fuera por el simple hecho de la ayuda que reciben los jefes.
    Esto deberia de cambiar.
    Dar abrigo a compatriota y aropar al inmigrante cuando esten todos los compatriotas abrigados, porque señores así vamos a llegar a un hundimiento del país pues a los que damos trabajo son personas que se llevan el dinero fuera del país y no incrementa el gasto en España.

    Un saludo.

  2. No sé a que te refieres con que el texto es partidista. No es mi intención mostrar partidismo de ningún tipo.
    Solo intento describir una situación que se da muchísimo en nuestro pueblo y que a mi personalmente me produce tristeza.
    No sabía que los empresarios reciben ayudas por contratar inmigrantes. ¿Seguro que es así?
    Los pormenores sobre si los inmigrantes producen o han producido beneficios al país son muy discutibles.
    Tomar partido es lo que hacemos todos a cada rato con cada situación que se nos da. No creo que eso represente ningún problema. Me gustaría saber que partido crees que he tomado en este caso.
    Un saludo

  3. Interesante post, amigo Pedro.

    El caso de Julian refleja la situación actual de muchas familias españolas y es sano que se diga con la llaneza que tú lo haces. Destaco, además, el último párrafo cuando hablas de “cabos sueltos” y de que “las violentas sacudidas de la cuerda, al desatarse, no está dejando títere con cabeza”. A lo que yo añadiría: salvo a los que están fuertemente agarrados a ella y no quieren soltarla.

    Un abrazo fuerte.

  4. Triste, muy triste que ala sentido común se le llame partidista. Demasiadas veces se nos olvida que ningún ser humano tiene más derecho que otro a vivir. Ese sentimiento ancestralmente animal de pertenecer a una manada es el que aprovechan los fascismos para acercarse al pueblo. Luego todo el mundo se autodefine como cristiano pero de cristiano nada de nada. Hace 40 años eramos nosotros los que íbamos a “quitarles el trabajo” a otros en otros países, no lo olvidemos, y o olvidemos que ahora mismo hay un millón y medio de “españoles por el mundo” y por el hecho de ser españoles no tenemos más derechos que otros seres humanos. Alguien se ha parado a pensar que si un rumano trabaja por esa miseria es porque está más desesperado aún que otros? Porque en vez de echar la culpa a los que están peor que nosotros no miramos hacia el lado donde están los verdaderos culpables? MUY BUENO EL ARTÍCULO PEDRO!