Escepticismo, por Manuel Buendía

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Hace unos cuantos días llego a mi correo electrónico un spam de una tal María-videncia (o algo así) en el me contaba que mis energías positivas y negativas se habían concentrado para enviarle un mensaje de ayuda. Me comunicaba que sabía que tenía problemas económicos, también me comunicaba que yo estaba pasando una mala racha y que estaba al borde de la depresión. Me decía además que mis problemas de pareja no le eran desconocidos, y que todo ello se debía a que estaba metido en una especie de bucle de fuerzas negativas del que solo ella me podía liberar llamando a un teléfono de esos de los que el minuto cuesta un riñón.

En mis tiempos de estudiante compartí piso con un cubano que, según él, era físico nuclear, y que probablemente lo fuera por las explicaciones tan científicas que aportaba en cada conversación. Carlos, que así se llamaba este nativo de la Habana vieja, se ganaba la vida en Madrid haciendo horóscopos para varias publicaciones. Su método era muy sencillo: Conocía perfectamente la posición de los astros en cada momento, por lo que en su enunciado semanal, a cada signo zodiacal, al que los antiguos asignaron un planeta o estrella, prologaba la explicación científica para darle más veracidad a su pronóstico. El resto eran tópicos aleatorios que cada semana cambiaban de signo. Por ejemplo: esta semana tendrás un problema o discusión con tu jefe o algún compañero de trabajo. Creo que no hay nada más que hablar al respecto; quién no ha tenido en el transcurso de una semana alguna discusión en el trabajo? Lo mismo se puede aplicar a la pareja o a la familia y los amigos. Si es final de mes es muy lógico que se tengan problemas económicos, por el contrario si es principios de mes las finanzas irán mejor.

Los humanos, desde el principio de nuestra existencia, hemos achacado a la influencia de fuerzas  misteriosas cualquier fenómeno al que no podíamos encontrar explicación lógica. Esa actitud, razonable en la antigüedad, carece de sentido en la actualidad. La ciencia lo puede explicar todo, sólo que muchos misterios aún tardarán siglos en ser desvelados. Algo tan sencillo de explicar ahora, como la erupción de los volcanes o las tormentas eléctricas, antiguamente se responsabilizaba a la ira de los dioses.

Creo que es muy cómodo culpabilizar de nuestras desgracias a esas fuerzas misteriosas. La vida en sí es un riesgo, pero si vivimos en Japón tenemos muchas más posibilidades de que nos dañe un terremoto que en España. La mala suerte es algo que a todos nos puede afectar en algún momento, pero el pesimismo es en sí una forma de atraer a la mala suerte, porque nos impide buscar soluciones a ésta.

El misterio es algo que nos mueve. Nacemos limpios y desde ese momento vamos desvelando misterios. Cada vez que nos enamoramos es un nuevo reto en nuestro sistema neuronal, cada persona que conocemos, cada proyecto nuevo, cada libro que leemos, es un nuevo misterio que desvelamos. Como artista creo que la magia es necesaria para crear, buscar el misterio que algún paisaje o alguna persona me inspiran es la energía para hacer esa obra. Esas fuerzas misteriosas que mueven el motor de la humanidad son las fuerzas del conocimiento, la curiosidad es la energía de la evolución.

Soy escéptico por naturaleza y además soy ateo, eso no impide que tenga a veces mis supersticiones y que busque remedios tópicos como tocar madera, pero soy consciente que la única efectividad de ello estriba en que hace que cambie mi actitud para superar los malos momentos. La resignación y el temor son instrumentos que el poder ha utilizado históricamente para manipular al pueblo (aquí me ha salido mi vena izquierdosa) pero no dudemos que la solución a nuestros problemas está en nosotros mismos, si pensamos que es obra del destino eso nos volverá conformistas y resignados. Gracias a la ciencia la humanidad ha evolucionado, en positivo y en negativo, pero al menos nuestra calidad y esperanza de vida han crecido. Podemos recurrir de manera irónica a las leyes de Murphy, pero si la tostada cae del lado de la mantequilla es porque simplemente pesa más de ese lado, y la ley de la gravedad hace el resto.