¿Ética o ideología? por Manuel Buendía

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Son dos términos cuyo concepto en la sociedad actual están bastante difusos, y que por el devenir de las circunstancias me han hecho meditar sobre ello en los últimos días.

La ética es una rama de la filosofía que se ocupa del estudio racional de la moral, la virtud, el deber, la felicidad y el buen vivir.

La ética estudia qué es lo moral, cómo se justifica racionalmente un sistema moral, y cómo se ha de aplicar posteriormente a nivel individual y a nivel social. En la vida cotidiana constituye una reflexión sobre el hecho moral, busca las razones que justifican la utilización de un sistema moral u otro.

La ideología es el conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, una colectividad o una época. También se trata de la doctrina filosófica centrada en el estudio del origen de las ideas.

La ideología tiende a conservar o a transformar el sistema social, económico, político o cultural existente. Cuenta con dos características principales: se trata de una representación de la sociedad y presenta un programa político. Es decir, reflexiona sobre cómo actúa la sociedad en su conjunto y, en base a eso, elabora un plan de acción para acercarse a lo que considera como la sociedad ideal.

Las normas éticas, aunque universales, tienen un poso cultural localista que hace que éstas cambien ligeramente según el lugar, pero no sería muy aventurado decir que las bases de lo que es una conducta ética son esencialmente universales y por tanto implican un modelo universal de aplicación para la convivencia.

Dentro de esos principios éticos cada ideología enfatiza más en unos que en otros, pero lo cierto que a la larga el incumplimiento de ciertas normas éticas son las armas arrojadizas que lanzan los partidos políticos, unos contra otros. Esto nos lleva a tener que matizar una idea comúnmente instalada en el disco duro colectivo: ideología = partido político. No es tan sencillo: es cierto que los partidos políticos parten de una ideología determinada, pero no es menos cierto que en la mayoría de los casos los principios de esos partidos están nadando en cierta ambigüedad ideológica. Un famoso gobernante dijo una vez a un acólito suyo: “si quieres estar en política no tengas ideología”.

El propio juego democrático partidista ha transformado el mismo principio democrático de “una persona, un voto”, creando unos privilegios a los partidos mayoritarios, partidos que como ya he indicado, se mueven en la ambigüedad ideológica y la asepsia semántica. Estos privilegios están en que no todos los votos valen lo mismo al ser las elecciones divididas en jurisdicciones y aplicada la famosa ley d´Hont.

Esta larga presentación es para reflexionar sobre el comportamiento ético de los partidos políticos. Las ideas se diluyen cuando lo que importa es llegar al poder, y ahí aparece otro concepto muy alejado de la ética: El populismo! El populismo es el discurso demagógico por el cual el político le dice al pueblo lo que quiere escuchar, pero siempre con argumentos bastante alejados de la ética. Discurso demagógico sería por ejemplo: “La crisis es por culpa de los inmigrantes que vienen a España a quitarnos el trabajo a los españoles”. La ética nos dice claramente que cualquier ser humano tiene los mismos derechos que otro ser humano. Al utilizar dentro de ciertos contextos el concepto de “inmigrante” o “extranjero” están queriendo decir que ese ser humano no es como nosotros. Muchos políticos usan este discurso para utilizar el sentimiento ancestral de los humanos de pertenencia a un grupo tribal. Es curioso no obstante como los mismos que usan ese argumento tan tribal odian a los nacionalistas periféricos que también usan los mismos argumentos.

El comportamiento ético dentro de la clase política ha descendido vertiginosamente en las últimas dos décadas hasta tal punto, que hoy son noticia esos comportamientos ejemplares por el hecho de no ser habituales. Estamos asistiendo a la incorporación al ejercicio de la política por parte de muchas personas solo por intereses personales, intereses que en la mayoría de los casos son simplemente el tener un trabajo más o menos fijo, pero que hacen que las ideas, que son el principio fundamental de los partidos políticos, dejen de tener importancia para ellos, y sobre todo esos intereses hacen que los políticos se muestren sumisos a la dirección del partido para poder seguir en la poltrona.

Cuando un político traiciona sus ideas pierde toda su integridad ética. La indignación en la ciudadanía con la clase política está aumentando de una manera alarmante, y son las propias ejecutivas de los partidos las que deben limpiar la era, si no quieren que se vuelva en su contra. Es un patético espectáculo el que nos regalan, un día sí y otro también, en su guerra particular, y es vergonzante como manipulan los medios de comunicación (oficiales o no) desde el momento en que toman el poder, y como continuamente dan la espalda a la ciudadanía y sus problemas, mintiendo una y otra vez, haciendo lo contrario de lo que prometieron y anteponiendo los intereses de su partido a los de su pueblo.

Los gobernantes no sólo deben de ser honrados sino parecerlo, es por eso que además de tener un comportamiento ético intachable deben velar porque la ciudadanía y sus colectivos también lo tengan. Es un principio fundamental para recuperar la credibilidad de nuestro desprestigiado sistema democrático. A eso debe contribuir la ciudadanía, implicándose en los asuntos que a todos nos interesan, y no contribuir justificando los desmanes de aquellos a quién votaron para no reconocer su error. Alguien dijo una vez: “la política es demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos”.

Por último decir que para que los principios éticos sean los que marquen el ritmo de nuestra sociedad, principios que serán combinados con las ideas que marquen los que gobiernen elegidos por el pueblo para llevar a cabo esas ideas.

Hasta aquí el prólogo del tema de este artículo, un prólogo muy extenso para un mensaje tan corto como el siguiente: Si el Ayuntamiento de Tomelloso apoyó y difundió la idea de que los empresarios comuneros de los chiringuitos cobraran una entrada cuya recaudación, en sus propias palabras, sería para CÁRITAS y CRUZ ROJA, y si ahora solo les van a donar a estas ONGs una cantidad mínima con la excusa de que han tenido pérdidas, es el Ayuntamiento el que debe aclararlo todo, por principios éticos, y sobre todo lo que no puede hacer ningún representante del consistorio es justificar ese fraude.

No es una cuestión partidista ni ideológica, es una cuestión ética.

Manuel Buendía Pliego: artista, promotor cultural, cocinero y bloguero

1 Comentario

  1. ¡Qué buena y formativa reflexión! Seguro que ninguno de los representantes del Consistorio se la han hecho nunca, y difícilmente serán capaces de seguirla, si están actuando de esa manera.
    Ánimo, Manuel, con todo.

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