Otoño por Inés M. Losa Lara

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Me gusta con pasión el otoño. Será que soy un poco nostálgica y melancólica. Será que nací nevando y el otoño me pone en pista del invierno. Será que las hojas se tienen que caer para que brote nueva y regenerada la vida en primavera. Sea como fuere, llegando el otoño, me aviva el alma.

Comienza recogiendo los frutos de la vid, de nuestras viñas, de todo un año cuidando con mimo cada cepa. De sol a sol que nos gusta decir.

Un año de labor sin más tregua que mirar al cielo con la encomienda a los santos, y al mismísimo Santísimo, desde el regazo de la Señora de la Viñas, para que mande agua, que no pedrisco, para que no hiele fuera de su tiempo y haga el calor en lo suyo. Un año de amaneceres y atardeceres doblando espalda a ras de pámpana y alzando los ojos como cerciorándose que sigue siendo bendito el sol en esta tierra.

“Paisaje de Otoño, con viña, casa y rastrojo” (Antonio López Torres)

Y se irá el otoño anunciando poda, poda más que de rutina, necesaria, poda que determinará la forma y el crecimiento de la madre de la uva…. poda que modelará y dará forma a tu ser y a mi persona.

Otoño dadivoso que empieza dando vida a espuertas y acaba entregándola, brazos en cruz, anhelando  corte por donde estime el Viñador pertinente.

Tiempo de reorganizar labores y de soñar proyectos. Tiempo de largos paseos al sol de sobremesa. Tiempo de lectura pausada y sosegada;  de manta sobre el regazo y de canción de Perales –José Luis Perales, si se me permite-.
 
Viene el otoño refrescando un día, picando el membrillo otro, y otro… otro lloviendo… ¡ojalá lloviera!… Lloviera despacio, suave, como temiendo besar el suelo pero empapando la tierra.

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