Razón y Corazón, por Inés M. Losa Lara

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Uno de mis grandes defectos es no saber decir las cosas, de pequeña porque era tímida, de mayor por miedo a no encontrar las que justamente lleguen al otro sin dañarle ¡Más vale una colorá que ciento amarilla!, pues yo, cienes y cienes de veces amarilla y por lo siglos de los siglos….

Mi amiga María me dice que soy muy diplomática. A veces la diplomacia me lleva a tragar sapos de imposible digestión.

Esta noche busco las palabras, sueño los criterios y me pongo en manos de Quien me lleva de la mano.

Reconozco que estoy a punto de tirar la toalla, hoy los criterios humanos quieren pesar más que aquellas razones que llevaron al corazón a lanzarse al vacío sin reparar en paracaídas. Quisiera encontrar un clavo al que agarrarme en este vuelo libre, un atisbo de rama firme al que mirar de reojo si la velocidad de caída se torna peligrosa.

Tengo miedo.

Hoy tengo miedo, siento un agujero tan profundo que el eco se pierde sin llegar a darme respuesta.

Razón y corazón esta noche no se hablan, callan porque saben que el otro tiene razones suficientes para tomar decisión sin consultarse. En el fondo, sé que razón y corazón se respetan y que este desasosiego silencioso es la lucha por comprenderse mutuamente, por aceptar y asumir la razón del otro, aún muriendo la propia.

¡Qué difícil se me hace la espera! ¡Qué largo el concilio del sueño! ¡Mira que está la Espera cerca! pero a ratos tiemblo porque desespero.

Esta noche busco palabras, sueño criterios, me pongo en Tus manos.

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