Tango por Miguel Ángel Bernao

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Creo que hoy la tierra se empantana de nogales

y es que cerca los manantiales germinan aguas

y al compás de un tango de cinturas ermitañas

los afluentes del amor humedecen los rosales.

 

Un bailoteo manoseado en la reminiscencia impura

que el refinamiento de varios cuerpos incorpóreos

disponen en el pentagrama de las dulces melodías

a un ritmo de eclosión infernal y austera metonimia.

 

Mil historias comparecerán en la lentitud del descanso

mirándonos a los sentidos con la fogosidad enfermiza,

y de nuevo el tango desgastando nuestro súbito espacio

paladeando el hálito de nuestro profundo sentimiento.

 

Hay bailes que nunca terminan al final de la fiesta

van de nuevo al encuentro del recuerdo impasible

con la cintura dañada y las manos aún desgastadas

del roce pasional de las ensoñaciones idealizadas.

 

Allá… existen nogales sin espinas

y recuerdos de rosas níveas.

 

Aquí… hoy eres fantasía

entre tangos y afables melodías.

 

 

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