Verano oscuro, por Miguel Ángel Bernao

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Poema escrito en memoria del gran poeta Francés Arthur Rimbaud.

 

He vuelto a imaginar el otoño lejanamente,

donde el viento no puede sostener las hojas;

un epitafio entre álamos y tierra seca,

y en el mármol mi nombre, junto al frío de una sombra,

el huésped perfecto para la carcoma

y un dolor que quiebra la espalda y ciega los ojos.

 

No quise llegar tan pronto, pero fue necesario,

la escuela terminó aburriendo mis sueños,

tuve que crear palabras con las llagas de mi alma,

excarcelar el fuego escondido en mis entrañas

y aunque aún me lloran por los balcones del olvido,

reconozco que mi cuerpo yace ahora tranquilo

en esta densa oscuridad que nadie abarca.

 

Sé que llegarán en tropel los cuerpos moribundos

cuando crean que la oscuridad no es abandono,

y faltarán lápidas en la tierra, y coronas en el cielo,

pero antes hay que creer, sufrir y crear abismos

infernales en los trances de nuestra mísera vida.

 

El sufrimiento no es vano, ni la tierra oprime

las venas que equilibran nuestra grandeza,

debemos suspirar gozando del bien y perpetuar

la esencia de nuestra causa y su terrible efecto.

 

Odio la primavera renaciente, y el caluroso verano

¡no pienses que la luz me asusta, ni me abruma!,

tan solo pienso que el verano trae tiempo para perderse

en endemoniados caminos donde el cuerpo goza y el alma sufre.

 

Aún así, yo dejé mi cuerpo flotando en el océano,

sacrificando mi piel entre las aguas saladas,

y cruzando mareas entre las tempestades

de un tiempo perdido entre la nada.

 

Cuando lleguéis, no iluminéis la luz,

prefiero seguir distrayendo el intelecto

y adquiriendo el poder de mi tórrido sacrificio,

por más que los otoños se repitan en el reflejo,

de este espejo que, ya se partió en pedazos

y dejó prendidos los instantes en el recuerdo.

 

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