Estamos hartos de ver en los medios de comunicación como aparecen  día tras día nuevos casos de políticos, empresarios, banqueros o miembros de la realeza que, no contentos con sus sueldos, deciden  introducirse en “mercados exteriores”  a la legalidad para, de esta forma, saciar sus ansias de poder y de reconocimiento.cerradura

Por si fuera poco a eso hay que añadirle un sistema de justicia injusto más parecido a una  atracción de feria por la que éstos se pasean sin pena ni gloria. La cárcel para ellos es un mero trámite que pueden solventar con solo un chasquido de dedos  gracias a  las cantidades ingentes de dinero que ya han robado.

Y eso si es que llegan a la cárcel, porque su status, su poder, y en definitiva el dinero que han robado, les permite literalmente estar por encima de la ley.

Llegados a este punto la frustración de la sociedad abarca ya no sólo los aspectos relacionados con la política sino también aspectos del propio individuo, de la propia persona que siente que  la vida que tiene o que pueda llegar a tener en un futuro está en manos de una panda de malhechores, y que por mucho que luche por la defensa de la justicia siempre habrá unos pocos que, cegados por el ansia de poder, perjudiquen el bienestar del resto.

Llegados a este punto la riqueza y la corrupción de unos cuantos acaba con las esperanzas y las ilusiones del resto, que poco a poco empiezan a plantearse si serán ellos quienes estén equivocados.

¿Es esta la sociedad que queremos?

¿Qué poder tienen los ciudadanos para acabar con esta lacra?

¿A quién beneficia esta situación?

Alberto Arias Martínez, estudiante Administración y Dirección de Empresas



1 Comentario

  1. Bertote, no conocía yo esta faceta tuya… Sorprendido hállome. xD

    Aprovecho para dar mi punto de vista, porque creo que el principal problema no es el poder ilegítimo ni la corrupción. Considero que el principal problema reside en la mente de los ciudadanos, de todo el colectivo en su gran mayoría.

    Los medios informativos y redes sociales se han convertido en el único producto que sacia nuestras inquietudes, pues nos presentan como imposible una revolución efectiva para provocar el cambio que necesitamos. Es más, todo medio y producto que nos mantenga al corriente de la situación se ha convertido en nuestra principal adicción. Somos adictos a estar tranquilos en nuestro escritorio leyendo noticias y comentando la jugada, en nuestro sofá viendo la tele o ‘tuiteando’, en la calle tomando un café quejándonos y conformándonos con el desahogo que nos aporta el que la gente piense igual que nosotros. Pero, ¿no se da cuenta nadie de que eso no basta?

    Igual que una persona puede deprimirse y no estar capacitada para afrontar su día a día ni para tener la suficiente responsabilidad para ocupar una función en la sociedad, lo mismo puede ocurrirle a un país entero, donde todos y cada uno de los ciudadanos se sienten incapaces de salir a la calle y cambiar el mundo porque ya no creen en sí mismos. Aquí, en España, todos nos creemos lo que los medios más convencionales y extendidos nos cuentan: que es imposible cambiar el sistema. Que la cosa está como está y habrá que esperar a que se cansen de robar. Mientras habrá que desahogarse, aunque corramos el riesgo de no vivir la vida que queríamos vivir en un principio.

    Somos una panda de borregos. Nos va genial eso de que nos den masticada la información y no cuestionar lo que se nos dice…

    Pues aquí, uno que no es nada patriota pero que asume que existen fronteras políticas y que cree en la gente y su capacidad de unirse por una causa, está plasmando lo que piensa, con la firme convicción de que a alguien le servirá mi mensaje. Os hago saber que no os queréis a vosotros mismos. Conformarse con lo que hay cuando lo que hay no es justo ni sano para nadie no es una opción, es quedarse en pause y quejándose. Vuestra única respuesta a esta situación es como la pataleta del niño al que sus padres no quieren comprarle un juguete aun habiendo aprobado todas las asignaturas. Habéis hecho todo lo mejor que habéis podido, os dicen que no, que para nada es así, y vais y os lo creéis. Habéis dejado de creer en vuestros derechos y solo pensáis en emigrar o en murmullar. ¿A qué narices esperáis para daros cuenta de lo que valéis todos, ciudadanos, y la capacidad que tenéis de cambiar el mundo?

    Tan problemática es la situación por los que roban y abusan del poder que nosotros mismos les estamos otorgando, como por los extremistas que luchan a lo loco sin unión por parte de todo. Tanta insensatez por una parte como por otra. Hay que ser un poco inteligentes, ciudadanos. Y tenemos que unirnos todos por una misma causa. Hasta que haya rebeldes tanto en un frente como en otro, la cosa no va a cambiar. Y el cambio será posible hasta que todos queramos lo mismo. Para querer lo mismo, tenemos que querernos a nosotros mismos primero. Y como no os da la gana de reconocer a la gran mayoría que no actuáis ni tomáis las decisiones más saludables para todos y cada uno de nosotros, pues así va España. Claro que sí, campeones. El fútbol es lo primero. Olé.

    Requetemuertos de vergüenza y decepción tienen que estar todos aquellos que derramaron su sangre para conseguir el derecho al voto viendo cómo lo mancilláis sin valeros de él para cambiar la situación. Si de verdad votarais con la mente despierta y los ojos bien abiertos, no estaríamos dando el espectáculo que estamos dando en cada resultado electoral. Os dejáis mentir aposta, ciudadanos. Y es porque no os queréis. No os queréis ni os queréis unir. Os da igual que el barco se hunda, no estáis haciendo lo suficiente para remediarlo aunque creáis que hacéis todo lo posible. El cambio comienza en las personas. La cantidad de lastres emocionales que venimos arrastrando de generación en generación es inmensa, y no es posible el cambio si no le echáis un par de huevos y os atrevéis a cambiar vosotros primero. El cambio está en cada uno, y por orgullo y/o miedo, no os atrevéis a cambiar. Ni siquiera con una careta que os cubra lo haríais, porque tenéis miedo a renovaros. Este mensaje va hasta para los más progresistas, porque el objetivo no es el progreso. El objetivo aquí es mucho más trivial. El objetivo es defender nuestros derechos básicos.

    Si supierais todos de lo que seríamos capaces todos juntos… No es utopía, es realidad posible. Nosotros decidimos si llevarla a la práctica, pero hasta que no queramos cambiar todos el chip… así nos quedaremos.